Siempre ha girado en un entrono de fantasía.
Los cuentos de hadas no son para creer, son para soñar. El problema está en que en cierto punto olvidamos qué es real y qué una narración fantástica.
Se encontraba sola, sentada bajo un gran árbol que con sus extensas y tupidas ramas formaba una cueva bajo el follaje. Se sentía totalmente aturdida por la emoción que le fue depositada justo en medio de su blanco pecho.
Un infeliz, apodado Blue Prince le había robado todo lo que le quedaba de cordura y ahora solo el vacío podía apreciar dentro de sí. Clemátide se sentía sin entrañas.

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