Más de trescientos sesenta y cinco días han pasado y aún siento que mi pulso se acelera al recordarte... Pero ya es tiempo de olvidarte y dejar que lo nuevo llegue a enredarse entre los pensamientos que nublan mi mente, mi vista y mi cordura.
Lo encrucijada que es esta situación, me ha llevado a tejer otra maraña de conclusiones variables, las cuales han aportado a mi existencia ciertas resoluciones y otras malas pasadas. Pero aquí estoy, igual que ayer, queriendo deshacer todo lo fabricado por esta mente frágil y susceptible a las emociones.
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